Blog original de una francochilena que vive en París.
Uno de estos días de verano, que más bien parecen de otoño, fuimos con Charqui al restaurant Chileno Cap Horn en París. Era lunes, había protesta nacional, aún estábamos de vacaciones y queríamos comer una empanada e ir a protestar a la Bastilla. Llegamos a mediodía al CapHorn, que queda en el magnífico barrio du Marais, nos sentamos como siempre mirando para afuera. El mesero, a quien nunca habíamos visto ahí, nos atendió amablemente. Primero en francés y rápidamente en chileno.
Charqui: Hola, ¿tienes empanadas?
Mesero: No, las estamos haciendo…
Charqui: ¿ Y tienes churrascos?
Mesero: Tampoco, el cocinero está haciendo el pan.
Charqui: ¿Tienes tapas?
Mesero: Algunas, un plato de charcuterie (fiambres).
Ahí el mesero nos explicó que los lunes preparaban la comida y que estaría lista para la tarde o para el otro día. Pucha, nosotros habíamos comido todo el fin de semana fiambres. Le dimos las gracias y nos fuimos a almorzar a otro lado.
El martes, Charqui había quedado picado con la empanada y el churrasco. Y volvimos a medio día al CapHorn. En el camino nos reíamos pensando si el mesero nos contaría otra vez el cuento que “no había nada para comer”. Parecíamos los típicos clientes enmererdeurs (jodidos, odiosos).
Una vez en el Restaurant el mesero nos atendió amablemente, con esa amabilidad que no existe en Francia. “Puuucha, nos queda una sola empanada, pero tenemos churrascos” dijo el mesero. Nos sentamos felices a esperar nuestra empanada, churrascos y vino tinto.
París estaba medio nublado pero con luz, llovía dulcemente y corría un vientecito juguetón. Por la orilla de la calle pasaban los estudiantes que salían del liceo eruptando, el mesero había puesto música latinoamericana alegre. Mientas ponía los cubiertos en la mesa, conversabamos y reíamos con el mesero. Llegó la comida, el churrasco que efectivamente estaba hecho con pan amasado estaba exquisito, la carne estaba muy blanda. La empanada estaba rica, aunque no mejor que el churrasco. Nos tomamos medio litro de un Paso del sol (Cabernet sauvignon). Los deberes nos llamaban, y teníamos varias cosas que hacer.
Comer un churrasco palta el París no es fácil y estaba muy rico. Ese día, luminoso en París, con vientecito, lluvia, música y un ambiente alegre, se convirtió en uno de los buenos momentos de estas vacaciones, algo que Charqui calificó como “una necesidad cultural” que esperamos repetir pronto….claro está, que no será un lunes.