Blog original de una francochilena que vive en París.
Esta historia es verídica y acontece en París.
Todos los días camino al trabajo me encontraba con un perro guía y su ama, una joven ciega que va a su trabajo.
Yo sentía que todos los días su hermoso perro me miraba, como diciéndome “Hola, aquí estoy yo Peter”. Todos los días yo esperaba ver al perro para mirarlo.
Un día me decidí y los saludé, le dije a la cieguita que tenía un hermoso perro. Aproveche de conocer su nombre y el de su perro. Ellos se llaman Magaly y Alan…Así todos los días podía decirle “hola” al perro Alan y a veces lo acariciaba, aunque en realidad me daban ganas de lanzarme sobre él porque es una bola de pelos cariñoooooso. Por si usted no lo sabe, un perro guía que lleva arnés no debe ser acariciado, es normal que un ciego se moleste, porque distrae al animal en su trabajo.
Un día me decidí a llevarle un paquete de galletas para perros a Alan…Magaly estaba muy contenta y poco a poco fuimos conversando mas cosas, como si el día estaba frío, caluroso, como se había portado Alan etc. A veces yo iba con pocas ganas a trabajar, con los problemas encima de lo que me tocaba hacer y soportar. Ver a Alan, reír con Magali me hacía muy bien. Así pasaron varios meses…
Un día no vi a Alan ni a Magali, al día siguiente tampoco….durante un mes entero no los vi. Pensé que les había pasado algo malo, tenía un mal presentimiento…pensé que tal vez se habían ido de vacaciones (como todo el mundo). Hasta me quedaba parada en la calle esperando 5 minutos para ver si los encontraba…..y nada. Pero un lunes reaparecieron, así que le pregunté altiro que les había pasado y supe que ella había estado enferma, con una depresión por el trabajo y le dieron un mes de reposo. Así me decidí a invitarla a tomar un café, ella y su perro me importaban. Ese día, pasé una hora muy linda junto a Magaly y Alan. Magaly es muy simpática y chistosa. Me contó riendo que su perro tiene cataratas y que por eso una vez alguien le dijo “¡El perro y la dueña son ciegos!”, ella le respondió a la persona: “Yo le dije que no podíamos ser ciegos ambos, sino ¿quién guiaba a quién?”....ja, ja!, nos matamos de la risa…¡Una ciega tirando talla de ciegos!!. Ahí riéndome, me di cuenta que seríamos amigas….yo no dejaría pasar esta ocasión.
Así nos decidimos y todas las semanas nos juntamos a tomar un café. He aprendido muchas cosas acerca de los perros guías, es la primera vez que conozco a alguien con esta incapacidad….y la verdad es que hablamos con Magali tan normal que el 99% del tiempo olvido que es ciega.
Ahora todos los días camino al trabajo me encuentro con 2 amigos; un perro guía y su ama, una joven ciega.